No era más enfermedad que las simples ganas de salir. De largarme.
Necesitaba algo, mi enfermedad necesitaba una cura. Entonces seguí todas las pautas, todas esas que te indican los doctores que no hagas. Pero a mí no me gustan los doctores. Ni las medicinas. Y, efectivamente me fui.
Caminé hacia algún lugar que emanara cierta calidez, caminé hacia donde mi cuerpo me llevara. Caminé hasta que me aburrí de caminar, pero ya había llegado.
Las luces se apagaron. Yo esperaba el silencio.
Pero era la maldita gente que nunca se callaba, era la maldita gente.
Poco a poco, a lo lejos sentí un resplandor. Me imagino que esa maldita gente también lo sintió, pues el ruido fue desvaneciéndose y ahí estaban las dos. Madre loca e hija demente. La sangre empezó a correr con fuerza, la piel se ponía de gallina. Ya todos éramos piel.
Luego, ellos, que no eran ni marido ni mujer, se besaron apasionadamente. Entonces, quise besarte a ti, pero no estabas. Solo estaba yo. Yo estaba sola. Yo y mi piel.
Y, es que, no era más enfermedad que las simples ganas de salir y aplaudirle a alguien. No era más enfermedad que la enfermedad.
No se preocupe, señor doctor, no quiero medicinas. Quiero el silencio de la maldita gente, los aplausos cuando me retire de escena y gritar, así como lo hizo La Reina de Belleza.
AdiósChau
Volví
Después de tres meses, volví a sentarme frente a una pantalla a contarle cómo me va. Una vez más frente a una pantalla.
Lamento informarlo, pero hoy no estoy destruida ni mortificada. Con la regla, puede ser, pero ni destruida ni morftificada.
Hoy me va bien.
Hoy y ayer me fue bien.
He encntrado una peligrosa estabilidad, un loco equilibrio. Tal vez ya no soy esa chica jodida de mente que si no se aguanta a ella misma, no te va a aguantar a ti.
Tal vez no me pueda a guantar, tal vez ahora sí te aguante.
Quién diría, pues, ahora escucho Candombito tranquilamente, dentro de mi curvo y desatornillado cerebro.
Quien diría, pues, lo inestable le dio estabilidad a mi vida.
AdiósChau
Lamento informarlo, pero hoy no estoy destruida ni mortificada. Con la regla, puede ser, pero ni destruida ni morftificada.
Hoy me va bien.
Hoy y ayer me fue bien.
He encntrado una peligrosa estabilidad, un loco equilibrio. Tal vez ya no soy esa chica jodida de mente que si no se aguanta a ella misma, no te va a aguantar a ti.
Tal vez no me pueda a guantar, tal vez ahora sí te aguante.
Quién diría, pues, ahora escucho Candombito tranquilamente, dentro de mi curvo y desatornillado cerebro.
Quien diría, pues, lo inestable le dio estabilidad a mi vida.
AdiósChau
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