Lo escribió él

Sin Dedicatoria
Alonso Elías Alfaro

Peperina ha caído al pozo.
Tiene manos muy suaves y no creo que pueda salir trepando.
Yo intenté advertirle de que el pozo no tenía nada de interesante
De vedad traté mucho para convencerla de que no le eche una ojeada.

Cada mañana me levantaba y le preparaba un jugo de granadilla.
Oh!
Qué jugo de granadilla que sabía hacer.
Soy un puto arrogante pero te juro que era un buen jugo de granadilla y a ella le encantaba.
Luego había que guardar el paso.
Pisa con cuidado porque el menor ruido puede soltar un mar de lamentos.
No cualquier lamento te digo.
Una mujer que llora de corazón es difícil de encontrar y es por eso que tanto tiempo demoré para encontrarla.
Una vez que entraba al cuarto me tenía que sumergir en medio de las sábanas y nadar a ciegas hasta llegar a verla.
Echada. Dormida. Linda.
No le gustaba que le susurren.
Yo me recostaba y me ponía a dibujar con su pelo hasta que se despertara.

Peperina no era mi mujer y tampoco quería que lo fuera.
Éramos solo un par de personas solas y nos habíamos dado cuenta de que nos necesitábamos.
Fuera de cursilerías, yo la necesitaba y la sigo necesitando.
Lo malo es que no me hizo caso.
Le dije que se alejara del pozo.
Del pozo que yo mismo cavé.
Y lo cavé para mí.

Ahora no la puedo sacar.
Simplemente ya no la puedo sacar de ahí.

El tiempo que me demore en llegar a casa es lo de menos.
Ahora lo que más me preocupa son mis oídos.
Ella sigue gritando por ayuda y por más lejos que estoy la sigo escuchando.

Esto es interesante.
No recuerdo haber llorado por una mujer.
Todo es culpa de sus manos suaves.



AdiósChau

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