Te gustaba todo en blanco y negro, menos yo. Yo te gustaba a color.

AdiósChau

Bienvenu, c'est ma vie

Desperté tras un sueño en el que solo te veía llorar, presagio de lo que podría catalogar como uno de los peores días de mí vida.
Sin embargo, había tenido un buen lunes y pensé que el día iba a ser mágico, que todo iba a ser como lo era antes.

Entonces, me estiré como si fuera una profesional bailarina de Ballet, como si fuera aquella apasionada danzarina contemporánea, como si fuera de las que podían mover el cuerpo con la música. Como si no fuera yo. Me levanté de la cama y decidí ser saludable. Salí a correr, a sudar la rabia, a tratar de ser una persona feliz. Y parece que todas estas cuestiones químicas dieron resultado, yo estaba tranquila, lista para meterme a bañar. Yo sola.

Me miré al espejo, me saqué los aretes turquesas. No los quería ahí. No los quería puestos. Quería verte, entonces me arreglé. Me aseguré de que todo en mi cuerpo esté bien. Me llené de cremas y perfumes, me limpié el pecho y realcé mis lunares, de esos de los que hablabas tanto. Estaba lista para verte, estaba lista para revolcarme un rato contigo. Estaba lista para quererte una vez más.

Almorcé. Sumamente saludable. Pescado. ¿Te acuerdas que comíamos pescado? Pescado y ensalada, todo lo que pueda para mantener la línea. Sí, esa que perdí hace tiempo. Y me fui, muy lista y con muchas ganas, a estudiar.

Pero estudiar ya no es una opción que me hace feliz. Camino a la universidad me di cuenta de que ya no era feliz ahí y que lo único que me motivaba, se había ido. Sabe Dios a dónde. Y volvió el miedo a perderte para siempre. Porque eso es lo que siento.
La clase me dio igual. Ahora las clases siempre me dan igual, nunca me entero de lo que pasa ahí. Y, cuando terminé, te vi. Te vi por fin. Era el momento que tanto había estado esperando. Era como cuando un niño encuentra los regalos de navidad a la mañana siguiente, después de que Papa Noel los deje al lado de la chimenea. Pero no era navidad, Papa Noel no existe y yo ya no soy una niña. O tal vez sí, porque me fui corriendo hasta escapar de ti, como lo haría un bebé al querer escapar de sus problemas. Porque eso es lo que eres, para bien o para mal, lo eres.

Me fui a mi casa. Me senté sola en el asiento de adelante del micro. El tráfico era insoportable, me daba mucho tiempo para pensar en qué iba a ser de mi vida a partir de este momento. Y las respuestas no eran buenas, porque no estabas en ninguna.
Me encontraba sola, desesperada. Me iba a sobrar el tiempo y a mí no me gusta que me sobre el tiempo. Me empecé a irritar. Me dolía la mandíbula por ajustarla tanto, se me aceleraba el corazón y no podía dejar de mover las manos.

No era la primera vez que lo notaba. Estaba sola. Ahora sí estaba sola. Nadie me iba a entender.

Tú tampoco.


No me hubiera molestado hacerte el amor.



AdiósChau

My baby shot me down

Por ahí me dijo un par de veces que me iba a matar. Estaba decidido a descuartizarme, pero él era uno de esos asesinos con los que estaba dispuesta a vivir. Es raro, creo. Prefería estar en riesgo con el que podía matarme a estar tranquila, con la certeza de que iba a vivir. Igual, nunca nadie tiene la certeza de que va a vivir. Si iba a morir, prefería que sea él quien me mate.
Abrígate, corazón. Ya llegan las rachas de aire y sabes que te llevarán volando. Si te vas a ir, aunque sea abrígate.
Era de esos hombres que había nacido para vivir sólo. Solo y solamente conmigo.
Entonces, un día dejé de tenerle miedo. Yo sabía que me iba a matar. Tal vez no me iba a descuartizar, como había repetido tantas veces, pero definitivamente me iba a arrancar el corazón.
Me gustaba besarlo y ver cómo brillaban sus ojos con el poco sol que entraba por su ventana. Me gustaba ir a su casa y echarme en su cama junto a él. Bajo él. Sobre él.
Era esa boca, esa maldita boca.
Dice que quiere estar solo, dice que se aburrió, que lo atrapó la monotonía.
Y esa boca, esa boca, esa boca, esa boca.
Nada importaba, él era un asesino y yo quería que me mate.
Bang, bang!

AdiósChau

Este es mi favorito

We were something, in the middle of the dessert
Alonso Elías Alfaro

Sucede que una llanta se pinchó, en medio de la carretera, rumbo al intento. Bajamos del carro para mirarla y ya estaba muy destripada. No culpo a la pobre llanta, había sido un camino muy largo y tiendo a pisar a fondo, sin importar que tanto resuene el chillido de la precaución. Ella prendió un cigarro y nos quedamos mirando como el peso del carro, cada una de sus dos toneladas de metal, aplastaba el caucho, mostrando sus grietas y explotando cada pequeña falla de fábrica, cada error, para hacerlo polvo. Parado a su lado, oliendo el humo del tabaco y mirando como el tiempo destruye las formas a las que estamos acostumbrados, me di cuenta que así supiera cambiar la llanta, solo era cuestión de tiempo para que otra explotara en medio del camino y nos dejara solos, varados en la carretera, en silencio y sin ganas de conversar. Ella empezaba a entenderlo.
Ford Impala del 67, hermosura de primera, una calidad exquisita, conexión tan sutil que olvidas los pies y los cambias por aire. Una experiencia de locos, una experiencia que no está diseñada para personas del mundo conservador, incapaces de controlar el cauce de pura pasión en una máquina que puede llevarte al otro lado del límite. Un monstruo de fuerza que solo los dementes son capaces de maniobrar, entumecidos frente al volante y con una sonrisa que solo se ve en las noches. No tiene frenos, y para los que saben manejarlo, no son necesarios.
La carretera no iba a frenar porque nuestro Impala se había plantado, pero tampoco le prestábamos mucha atención a nuestro alrededor. Si, era peligroso. Las bestias que corren por estos lares no son de confianza, y mucho menos, dignas de respeto. Solo escuchábamos los ruidos de motores, fuertes y crujientes, cayéndose a pedazos en pleno camino, sin parar de correr, intentando llegar hasta donde se pueda, chocando entre ellos, rompiendo aire sin control. Cerdos al volante con los ojos cerrados y frotando el parabrisas con patrañas y bocanadas de pestes. No hay cabida para un respiro y el razonamiento no es un arma que se pueda utilizar contra ellos.
Gritos. Muchos gritos hacia nosotros.
La miré. Estiró las manos sobre sus cachetes y me miró como si nada hubiera pasado. Me sonrió y sin sonrojarse, lloró. Lágrimas enormes, cargadas de días y días de pena, angustia, dolor y todo un cocktail de sinsabores que un hombre puede llegar a preparar en seis meses. Tiró su cuarto cigarro al suelo y lo pisó, una sola vez, sin la intención de apagarlo, solo aplastarlo, solo sentirse capaz de tener el control sobre algo. Insignificante, pero algo era.
Grietas y grietas en el caucho. “Un Ford de este calibre que ya no avanza por una simple llanta… que pena… en serio… que pena” pensaba. Me volteé y caminé. “Voy a buscar ayuda” le dije mientras avanzaba pegado al borde del camino. “Demórate” me dijo ella. No había necesidad de decir más. Ella sabía que yo no iba por ayuda y que tampoco iba a volver. Yo sabía que ella iba a estar bien y que si por casualidad volteaba a verla, ella ya habría tomado otro rumbo, muy contrario al mío.
Era parte del trato.
Había sido increíble: el camino, el Impala, la aventura, ella.
Cumplí mi palabra: Vamos a divertirnos para siempre o, por lo menos, hasta donde podamos.
No se puede seguir con solo tres llantas.
Ahora pienso que es muy útil saber cambiar las llantas de un carro, sin embargo, ahora que voy a pie, eso me tiene sin cuidado. Sigo caminando para saber que hay al final del camino. Estoy casi seguro de que se puede llegar caminando. Si es que no se puede, aún puedo contar la historia de cómo me subí a una bala de pura fuerza, demencia, disfrute al máximo y un éxtasis de sensaciones.
Casi olvido mencionarlo. El Impala tenía dos timones puestos en direcciones distintas. Dos motores para cada timón. Cuatro llantas en total, dos para cada motor. Dos asientos para cada piloto y otros dos para los copilotos inexistentes. Dos pilotos que conducían sin dudar del sentido correcto. Cuatro puertas. Color rojo y techo negro. Cuatro pedales. Dos embragues y dos aceleradores que nunca dejaron de ser pisados.

Sin frenos. Ninguno de los dos los necesitábamos.

AdiósChau

Lo escribió él

Sin Dedicatoria
Alonso Elías Alfaro

Peperina ha caído al pozo.
Tiene manos muy suaves y no creo que pueda salir trepando.
Yo intenté advertirle de que el pozo no tenía nada de interesante
De vedad traté mucho para convencerla de que no le eche una ojeada.

Cada mañana me levantaba y le preparaba un jugo de granadilla.
Oh!
Qué jugo de granadilla que sabía hacer.
Soy un puto arrogante pero te juro que era un buen jugo de granadilla y a ella le encantaba.
Luego había que guardar el paso.
Pisa con cuidado porque el menor ruido puede soltar un mar de lamentos.
No cualquier lamento te digo.
Una mujer que llora de corazón es difícil de encontrar y es por eso que tanto tiempo demoré para encontrarla.
Una vez que entraba al cuarto me tenía que sumergir en medio de las sábanas y nadar a ciegas hasta llegar a verla.
Echada. Dormida. Linda.
No le gustaba que le susurren.
Yo me recostaba y me ponía a dibujar con su pelo hasta que se despertara.

Peperina no era mi mujer y tampoco quería que lo fuera.
Éramos solo un par de personas solas y nos habíamos dado cuenta de que nos necesitábamos.
Fuera de cursilerías, yo la necesitaba y la sigo necesitando.
Lo malo es que no me hizo caso.
Le dije que se alejara del pozo.
Del pozo que yo mismo cavé.
Y lo cavé para mí.

Ahora no la puedo sacar.
Simplemente ya no la puedo sacar de ahí.

El tiempo que me demore en llegar a casa es lo de menos.
Ahora lo que más me preocupa son mis oídos.
Ella sigue gritando por ayuda y por más lejos que estoy la sigo escuchando.

Esto es interesante.
No recuerdo haber llorado por una mujer.
Todo es culpa de sus manos suaves.



AdiósChau

Té verde de cerezas y moras

Una noche me fui a dormir después de una ya rutinaria taza de té verde. Me imagino que estaba en la etapa profunda del sueño, en la etapa en la que nacen y mueren imágenes que nunca existieron.
Y estabas tú, parado, despeinado. Estabas tú, buscando hacia dónde ir, tratando de saber cómo debías respirar. Estabas tú, desesperazo, tratando de arrancarte los zapatos, aquellos que no te permitían caminar descalzo. Aquellos que no te permitían rozar el jardín.
Yo nunca pude hacer literatura. No porque no sepa, sino porque pensar en lo que sentía me daba mucha flojera. Pero hoy quiero hacerlo y, aunque me haya alejado bastante de la literatura, no significa que no pueda escribir.
Entonces, Peperina se acercó a ti y se encargó de quitarte los zapatos para que pudieran caminar juntos y atravesar el jardín.
Y te fuiste. Te fuiste con Peperina caminando, por supuesto que de la mano no, ¡que aburrido caminar de la mano!
A Peperina se le cayó el pétalo de un clavel, se agachó a recogerlo y tú seguiste caminando. Cuando ella alzó la mirada, ya no estabas. Te habías ido en búsqueda de otras flores, de otra piel. Aunque sea la tuya, pero era otra piel.
Peperina se sentó en el jardín, se puso tus zapatos. Y yo desperté.
La culpa la tuvo esa rutinaria taza de té verde de todas las noches. La culpa la tuvo el azúcar que le dejé de echar. La culpa la tuvo la tetera, que día a día se encargaba de gritarme que el agua había calentado. Pero era solo el agua, nosotros nos enfriábamos cada día más.
Y a mí no me molesta dejar de tomar té si a ti no te molesta dejar de tomar té.
AdiósChau

Háblame en Latín

Flavia era diferente: era rubia, tenía el pelo corto, los ojos claros y más de mil hombres detrás suyo. Y no exagro cuando digo que eran más de mil.
Ella era diferente. Le gustaban las fiestas, vestirse bien y besarlos a todos. Y no exagero cuando digo que eran todos.
Era feliz. Decía que era feliz.
Pero lógico, tenía todo lo que quería: una vida monótona, amistades sumamente falsas y nada de amor. ¿Qué más podía pedir esta rubia?
Una vida común era mucho para ella.
Flavia solo quería tomar y divertirse.

Si la ves, mándale saludos y dile que su madre la espera en casa; con los brazos abierto y lágrimas en los ojos.

AdiósChau

Una vez iniciada la función no se permite el ingreso

El problema está en que era yo la de la buena memoria.
Pero no recordaba haber cargado con una mirada tan solitaria como la de hoy.
Y no es que le tenga miedo a la soledad. Al contrario, la extrañaba.
Pero igual me aturde el ruido del tráfico, igual me aturden las luces de la ciudad.
Y, cuando parece llegar la calma, cuando el semáfoto cambia a rojo... vuelves. Vuelves a irrumpir mi tranquilidad.
No planeo hablar en metáforas. No planeo que esto suene bonito.
Solo quiero dejar de recordar.
Pero ¡ay! me olvidaba...
Era yo la de la buena memoria.

AdiósChau

La Reina de Belleza

No era más enfermedad que las simples ganas de salir. De largarme.
Necesitaba algo, mi enfermedad necesitaba una cura. Entonces seguí todas las pautas, todas esas que te indican los doctores que no hagas. Pero a mí no me gustan los doctores. Ni las medicinas. Y, efectivamente me fui.
Caminé hacia algún lugar que emanara cierta calidez, caminé hacia donde mi cuerpo me llevara. Caminé hasta que me aburrí de caminar, pero ya había llegado.
Las luces se apagaron. Yo esperaba el silencio.
Pero era la maldita gente que nunca se callaba, era la maldita gente.
Poco a poco, a lo lejos sentí un resplandor. Me imagino que esa maldita gente también lo sintió, pues el ruido fue desvaneciéndose y ahí estaban las dos. Madre loca e hija demente. La sangre empezó a correr con fuerza, la piel se ponía de gallina. Ya todos éramos piel.
Luego, ellos, que no eran ni marido ni mujer, se besaron apasionadamente. Entonces, quise besarte a ti, pero no estabas. Solo estaba yo. Yo estaba sola. Yo y mi piel.
Y, es que, no era más enfermedad que las simples ganas de salir y aplaudirle a alguien. No era más enfermedad que la enfermedad.
No se preocupe, señor doctor, no quiero medicinas. Quiero el silencio de la maldita gente, los aplausos cuando me retire de escena y gritar, así como lo hizo La Reina de Belleza.

AdiósChau

Volví

Después de tres meses, volví a sentarme frente a una pantalla a contarle cómo me va. Una vez más frente a una pantalla.

Lamento informarlo, pero hoy no estoy destruida ni mortificada. Con la regla, puede ser, pero ni destruida ni morftificada.

Hoy me va bien.

Hoy y ayer me fue bien.

He encntrado una peligrosa estabilidad, un loco equilibrio. Tal vez ya no soy esa chica jodida de mente que si no se aguanta a ella misma, no te va a aguantar a ti.

Tal vez no me pueda a guantar, tal vez ahora sí te aguante.

Quién diría, pues, ahora escucho Candombito tranquilamente, dentro de mi curvo y desatornillado cerebro.

Quien diría, pues, lo inestable le dio estabilidad a mi vida.

AdiósChau

Hoy cumplo 20

18 de junio, 2010

Querido diario:
Hoy es mi cumpleaños. A las 10.30 me fui a acostar, esperanzada en recibir alguna llamada, de esas que solían hacerme a las 12. Pero ay, querido diario, me había olvidado como eran las cosas ahora. Ya tengo 20 años, querido diario, ahora todo cambia. Ahora todos me dan la espalda porque ya soy adulta, ya debería manejarme por mí misma. Pero las cosas no siempre son así, querido diario, de un día para otro estas cosas no pasan.
Pero no importa, no importa. Ayer tuve un día genial, querido diario. Una amiga y yo fuimos al teatro, mi lugar favorito en la tierra. Pero antes, fuimos a comprar un regalito para la entrevistada a Metro. ¡Había un ascensor de carros! Era como una mini montaña rusa. La entrevista fue en el tetro Segura, uno de mis favoritos en Lima. Entrevistamos a Denisse Dibós, que, si bien no es mi persona favorita en la vida, sus logros han sido increíbles, querido diario, ni te imaginas todo lo que ha hecho por el teatro en el Perú. Y es buenísima onda. La entrevistamos mientras se alistaba para salir a escena.. las pelucas, el vestuario, el maquillaje.. todo lo necesario para inventar un mundo, absolutamente todo lo necesario para crear otro mundo. Un mundo donde la gente baila y canta. Y no deja de bailar. Jamás.
Aunque la música pare.
Nunca dejar de bailar.
Después, querido diario, me fueron a dejar a mi casa para alistarme y salir con el chico que me gusta. Pero había sido un día demasiado bueno como para que todo salga bien, querido diario. A las 10.30 me fui a acostar, esperanzada en recibir alguna llamada, de esas que solían hacerme a las 12. Pero ay, querido diario, me había olvidado como eran las cosas ahora. Ya tengo 20 años, querido diario, ahora todo cambia.
Ahora, son las cinco de la mañana, querido diario. Y yo.. yo esoty acá sentada frente a una pantalla contándole a un diario qué me pasó.
A un diario.
Sí pues, querido diario, ya tengo 20 años.
Ahora todo cambia.
Y, a mí, no me queda otra que contártelo todo pues todos los demás duermen sin recordar que hoy es 18 de junio, querido diario.
Hoy era 18 de junio.
AdiósChau

Acércate a su puerta y llama si te mueres de sed

Solo es la primera parte, no hubo ni pilas tiempo para el coro, no hubo ni pilas ni tiempo para demostrar que la puta era dueña de un corazón tan cinco estrellas que hasta el hijo de un dios, una vez que la vio, se fue con ella. No hubo ni pilas no tiempo para contar que nunca le cobró La Magdalena.

AdiósChau

Hay muchas cosas que no son para mí

El gimnasio: No es para mí
La comida light: No es para mí
La semana antes de parciales: No es para mí
Las alturas: No son para mí
La universidad: No es para mí
La Iglesia: No es para mí
El tráfico: No es para mí
La marihuana: No es para mí
Los zapatos: No son para mí
El marrón: No es para mí
Las cucarachas: No son para mí
López López: No es para mí
Los carros: No son para mí
La ropa ajustada: No es para mí
El pelo corto: No es para mí
La basura en las calles: No es para mí
La discriminación: No es para mí
Ser flaca: No es para mí
La pobreza: No es para mí
El trabajo: No es para mí
Estudiar: No es para mí
Las bocinas: No son para mí
El sol: No es para mí
Los lentes grandes y de marca: No son para mí
El Grupo 5: No es para mí
La gente que empuja: No es para mí
Cocinar arroz: No es para mí
El Cau Cau de mondongo: No es para mí
La soledad, cuando se vuelve insoportable: No es para mí
La ducha: No es para mí
El Reggaeton: No es para mí
El calor: No es para mí
Verte de lejos: No es para mí
Las pastillas: No son para mí
La hipocresía: No es para mí
Pintar: No es para mí
La coordinación: No es para mí
La perfección: No es para mí
La hora: No es para mí
La casa: No es para mí
El papeleo: No es para mí
La oficina: No es para mí
Los bikinis: No son para mí

Tú: ...

AdiósChau

Hasta mañana

Buenas noches, querido.
Porque tú vas a soñar con flores
y mariposas.

Mientras yo,
yo veo de dónde sacar plata
para pagar por un poco de sueño
que me permita dormir
sin pensar en ti.

AdiósChau
Olvidate de mí, si quieres.

Pero no dejes de escribir.

Era lo mejor olvidar todo...

Ella dijo que tuvo problemas y le dije que esté preparada para mucho menos.
Ella quiso saberlo todo de mí, pero no hubo palabras.
Dijo que era mala, que no arriesgue ese momento junto a ella
Era lo mejor olvidar todo, como si nada hubiera sido.

Ella dijo "que te vaya bien" yo le dije "buena suerte y hasta luego"
y nunca más la volveré a ver o, tal vez, sea en algún tiempo

Ese manicomio estaba lleno de problemas de frontera
se hizo de día y los varones lentament caminan.
Dicen que todo se sabe, pero tal vez no quiera saberlo.
Era lo mejor olvidar todo por un tiempo.

Ella dijo "que te vaya bien", yo le dije "buena suerte y hasta luego"
y nucnca más la volvere a ver o, tal vez, sea en algun tiempo.
Yo pensaba que estaba todo bien, que sería sin problemas como un juego.
Y nunca más la volveré a ver o, tal vez, sea en algun tiempo.

Ella dijo "que te vaya bien", yo le dije "buena suerte y hasta luego"
y nunca más la volveré a ver o, tal vez, sea en algun tiempo.
Yo pensaba que estaba todo bien, que sería sin problemas, como un juego.

[Buena suerte y hasta luego, Andrés Cañamaro]

Buena suerte y hasta luego.

Siempre lo supimos.
Nunca hubo lógica, ni tuvo razón de ser. Tú estabas ahí yo estaba por allá pero, mierda, que dificil fue pretender que no te conocía.. porque te conozco, incluso más de lo que a ti o a mí nos gustaría.
Esto es lo mejor, sí, es lo mejor. Quiero creerlo, realmente quiro creerlo porque no entiendo qué está pasando. Sabía que te iba a perder, lo sabía. Pero no sabía que iba a ser tan pronto, ni tan intenso.
Entonces hoy empezó un nuevo día, empezó una nueva vida para ti y una nueva ida para mí, pero no te puedo asegurar que esta vida me guste tanto. Yo sé, me aferro mucho. Pero me aferro a lo que quiero y a lo que me importa, que esta vez fuiste tú y no lo dudé.
Tienes magia, sí. Bueno, la tuviste. La tuviste porque ya tengo que entender como son las cosas. Ya tengo que entender que tú eres una persona y yo otra, Tengo que entender que somos diferentes y no buscamos para nada lo mismo. Tu estás en un mundo muy alejado al mío y yo no puedo ver como vas muriendo sin que me importe.
Tal vez sí es lo mejor, tal vez nunca debió ser. Pero yo no me arrepiento, querido. Yo la pasé muy bien.
Entonces, mañana nos despertaremos, miraremos por la ventana y todo será igual. Tu subirás a tu micro, llegarás a la universidad y yo no voy a estar ahí... porque es viernes y yo no voy los viernes.
Entonces, mañana nos despertaremos, miraremos por la ventana y yo me quedaré en mi casa, pensando en que todo esto que pasó fue una mala jugada de la vida, los dioses estabas aburridos y nos escogieron a nosotros para entretenerse un rarto. Que payasos los dioses, ¿no? Pero, querido, los dioses van a estar bien. Y nosotros.. también. Solo habrá que esperar que la piel se cierre y las ganas se calmen. Y, es que, en algún momento estuviste sin mí y yo estuve sin ti.
Ahora, vuelves a estar sin mí.
¿Que si yo puedo estar sin ti? No lo sé, querido, pero la luna tampoco. Y, mientras ella no lo sepa, confío en que me va a acompañar a caminar hasta encontrar la respuesta.
Pero qué más da, a estas alturas qué importa.
Solo me limito a citar al señor Calamaro... buena suerta y hasta luego, moreno, buena suerte y hasta luego.

Mi hermano está enamorado de una niña.

Se llama Natalia y es el primer amor de mi hermano que tiene 5 años. Ayer en la mañana, antes de ir al colegio, Juanfer apuntó el teléfono de la casa en un retazo de una invitación de cumpleaños de un amiguito suyo y, a la salida, se lo dio a la niña. En la noche, Natalia lo llamó y él se espantó, se fue corriendo y se escondió en su cuarto. Corrió y se escondió. Parece que está en la sangre.
Hoy, Juan Fernando vino corriendo, gritando que había invitado a Natalia a la casa. Ella es mayor que él.. como un año.
Y ahora, él espera que la niña llegue y, cuando llegue, jugarán y conversarán.
Pero el brillo de sus ojos no lo va a quitar nadie.
Que suerte tienen unos, ser niño no es tan fácil.. pero que bonito.

AdiósChau
Tengo que aprender a callarme. O crecer.

Que me quieras y luego te arrepientas

Se anuncia entre los dos tiempo inestable
asoman a tus ojos las tormentas,
por la noche es probable
que el viento sea variable,
que me quieras… y luego te arrepientas.

La isobaras ven hielo en tus venas
y en tu pañuelo un mar que se sofoca
y auguran las antenas
que harán falta cadenas
para subir al puerto de tu boca.

Besarte es desatar un huracán
que suba en el termómetro el mercurio,
algunas nieves dan
calor cuando se van
fundiendo entre el desierto y el diluvio.

A, E, I, O, U
a mi boda fueron todas menos tú.
Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si
marejada ni contigo ni sin tí.

Lo malo es que después la gota fría
se instala entre mis huesos y los tuyos,
corrige mi alegría
la noche de aquel día
que me condena al páramo y al trullo.

Caerá un rayo en mi torre de Babel,
arrasarán las plagas y la hambruna,
vendrán lunas de hiel,
a devastar mi piel
si el desamor no encuentra su vacuna.

A, E, I, O, U
a mi boda fueron todas menos tú.
Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si
marejada ni contigo ni sin tí.

A, E, I, O, U
a tu vera el dulce hogar era un iglú
Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si
marejada ni conti…
marejada ni conmi…
marejada ni contigo ni sin tí.

[Parte meteorológico, Joaquín Sabina]

AdiósChau

No permita la virgen

La cosa es así: me jodes. De verdad, es bien fácil. Me jodes. Hoy empiezan mis privaciones y vamos a hacer esto bien. No más Coca Cola, no más cigarros, no más comida chatarra ni sánguches de la cabañita del G. No más tú. ¿Por qué? No sé pues, no sé. Solo no quiero, porque verte implica mucho más que el hecho de que estés a mi costado. Implica una sensación de comodidad y ganas de quedarme ahí que no tenía hace mucho. Implica que no me quiera mover, no sé si nunca más, pero por lo menos por un buen tiempo. Y me jode pues, me jode porque yo sé como son las cosas. Y las cosas no son como yo quiero. Yo ni siquiera sé cómo quiero que sean, pero me jode. Me jodes. Me jodes un culo. Y me jodes más porque me encanta que estés cerca.
Ahora estoy sentada en una esfera. Yo y Penélope.
Te vi por ahí, no te quedaste mucho. Tampoco te fuiste del todo. Me llegó al pincho y volví a escuchar Sabina. "No me quieras querer, no me quieras matar, corazón". Por eso quiero ir a su concierto, porque es la frase perfecta en el momento preciso.
Ya no tendremos luna, querido, pero tenemos miles de estrellas que aparecen cuando sale el sol.

AdiósChau

Mejor no digo nada.

Puedo ponerme cursi y decir que tus labios me saben igual que los labois que beso en mis sueños.
Puedo ponerme triste y decir que me basta con ser tu enemigo, tu todo, tu esclavo, tu fiebre, tu dueño.
Y si quieres, también puedo ser tu estación y tu tren, tu mal y tu bien, tu pan y tu vino.
Tu pecado, tu dios, tu asesino.

O, tal vez, esa sombra que se tumba a tu lado en la alformbra a la orilla de la chimenea, a esperar que suba la marea.

Puedo ponerme humilde y decir que no soy el mejor, que me falta valor para atarte a mi cama.
Puedo ponerme digno y decir "toma mi dirección, cuando te hartes de amores baratos, de un rato, me llamas".
Y, si quieres, también puedo ser tu trapecio y tu red, tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío.
Tu resaca, tu lunes, tu hastío.

O tal vez ese viento que te arranca del aburrimiento y te deja abrazada a una duda en mitad de la calle y desnuda.

Y, si quieres, también puedo ser tu abogado y tu juez, tu miedo y tu fe, tu noche y tu día.
Tu rencor, tu por qué, tu agonía.

O, tal vez, esa sombra que se tumba a tu lado en la alformbra, a la orilla de la chimenea, a esperar que suba la marea.

O, tal vez, ese viendo, que te arranca del aburrimiento y te deja abrazada a una duda en mitad de la calle y desnuda.

O, tal vez, esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra, a la orilla de la chimenea, a esperar...

[A la orilla de la chimenea, Joaquín Sabina]


AdiósChau

He vuelto a tropezar con el pasado..

Regresé por estos lares donde solía escribir. Borré todo lo que alguna vez Jáuregui me hizo postear, me quedé con lo mío y ahora agrego más. A veces extraño toda esta onda de escribir lo que pienso, pasé por muchos blogs pero empiezo de nuevo. No quiero un diario, no me importa tener un diario. Solo quiero tener un lugar para no olvidarme de lo que pienso de vez en cuando, alguna excusa para almacenar pensamientos y un buen motivo para no dejar de escribir.
Me llamo Flavia Alexandra Goya Lañas, nadie me dice Peperina pero no me importa; yo soy ella y ella es yo.
Un gusto y hasta la próxima.

AdiósChau